Mezcla al caudal profundo de tus venas
mi soplo que en tu oído a morir viene,
largo sollozo mudo que retiene
un freno de viril pudor apenas;
mas no preguntes ni la edad ni el nombre
a la avidez que enlaza a tu cintura,
temblando en calofrío de ternura,´
la ardiente hiedra de mi brazo de hombre.
Den cuerpo los sentidos a esta ciega
fiebre eterna que hoy llega a tu regazo,
que de tan hondo a todo mi ser llega.
Y Eva y Adán renazcan en la oscura
hambre de amor que engendra en nuestro abrazo,
virgen una vez más, la vida pura.
Barcelona, 5 Septiembre 1938
Maravilloso, simplemente maravilloso.
ResponderEliminarTan prudente como intenso.
Feliz Finde