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NO es hoja de espada, aunque es
dura y cortante como ella,
esta quebrada centella
que de la frente a los pies
nuestra intimidad separa
en dos largas soledades;
moneda que en cruz y cara
disocia sus dos mitades,
sí, pero que sueña ya
con la vuelta del momento
en que, en uno, este lejano
ansión amor fundirá
en hostia de oro que al viento
haga saltar en su mano.
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