viernes, 13 de enero de 2012

DÍA DE RESURRECCIÓN

           ¡Mañana azul del Sábado de Gloria!
Pájaros y campanas, por el cielo,
desatan en los giros de su vuelo
una misma oleda migratoria.

           El niño Sol, desnudo y sin historia,
rompe con pie gozoso el postrer hielo
de la noche invernal, y canta en celo
la esperanza, perdida la memoria.

           Nacientes alas de verdor despliega
la primavera sobre campo y monte,
su quilla de cristal la mar navega.

           Todo él promesa, se me ofrece el mundo,
y arde en la tentación del horizonte
mi absorto corazón meditabundo.

                                          París, Hospital Lariboisière
                                                  22 Marzo 1940

jueves, 12 de enero de 2012

JACULATORIA DE AMANECIDA

           Riqueza inagotable del minuto,
burbuja viva de lo eterno, dame
de tu luz una gota que me inflame
alma y sentidos; el carnoso fruto

           de la creación entrega a la golosa
avidez de la palma y de la encía,
y a los ojos la adánica alegría
de inventar la mujer, el mar, la rosa.

           Dilata a los confines de lo humano
las posibilidades de mi estrella
en el juego de azar del universo,

           y, antes de huir a mi tendida mano,
deje calcada su florida huella
tu pie en el barro tibio de mi verso.


                                              22 Marzo 1940
                                       París, Hospital Lariboisière

miércoles, 11 de enero de 2012

ACCIÓN DE GRACIAS

           Voy aprendiendo a agradecerte, vida,
cuanto me das: rebojo de pan duro,
caricia, sinsabor, el goce puro
del aire fresco de la amanecida,

           o el sueño, en cuya tabla rasa anida
tu verdad desdoblada –así en el muro
nerviosa lagartija entre el oscuro
bronce de hiedra por el sol bruñido.

           Gracias, de bien y mal dispensadora;
que esta vaga vedija de humo humano
si adquiere consistencia es en tu trama.

           ¡Gracias! diré cuando, llegada mi hora,
vaya a la muerte, a un signo de tu mano,
cual niño dócil que se va a la cama.

                                        París, Hospital Lariboisière,
                                                  20 Marzo 1940

martes, 10 de enero de 2012

VIENDO LLEGAR LA PRIMAVERA DESDE UNAVENTANA DE HOSPITAL

           Ya en los árboles pugna el primer brote
por hallar, ciego, hacia la luz camino,
y quiere el corazón pagar su escote
al  nácar gris del cielo parisino,

           al tiempo nuevo que entre lluvia asoma
por el fondo del parque, al esperado
milagro que en su vuelo de paloma
riza plumas de sol sobre el tejado.

           ¡Ah, sí! llenar de esta luz tierna quiero
mis ojos, como de agua fresca el vaso
colma en la fuente, al alba, el viajero

           perdido, que no sabe si a su paso
encontrará otra fuente en el sendero,
ni si ese amanecer será su ocaso.

                                         París, Hospital Lariboisière,
                                                  13 Marzo 1940

lunes, 9 de enero de 2012

RECUERDO DE INFANCIA

           La madre inventa y cose. El niño escucha
-ojos de asombro, cavillosa frente-
promesas que le arrancan al presente
(poco dinero, fantasía mucha)...

           ¡La cabeza de toro, de trenzados
mimbres, los cuernos como dos navajas,
roja muleta, banderillas majas,
y el auto, el tren, la caja de soldados!

           “Te he de comprar”... ¿Qué importa si es mentira
el espejismo que entre sueños gira
su mecánica bienaventuranza?

           Sobre el hombro del niño, un ángel sueña,
a su vez, en silencio. Y él le enseña,
para siempre, a esperar sin esperanza.

                                                   París, 24 Febrero 1940

domingo, 8 de enero de 2012

CLARO DE LUNA

           Segando las estrellas una a una
para que el viento Sur no se las lleve
cuando a decir su nombre Dios se atreve,
he aquí tu reflector, claro de luna.

           Todo vuelve en su giro... Hasta los muertos
-cuerpos de amor ayer, hoy cal y olvido-,
un lienzo de Verónica prendido
en las manos, los labios entreabiertos...

           Todo vuelve... Hasta aquella primavera
en que temblé de amor por vez primera,
ardiendo el labio en el balcón de sombra.

           ¿Todo? Sí el vuelo, no el calor del ala.
¿Todo? No el sol: ¡la luna que resbala,
fantasma ambiguo, por la oscura alfombra!

                                      París, Noche-Vieja de 1939

sábado, 7 de enero de 2012

OYENDO CRECER LA HIERBA

Entramos, con muchos años de retraso, en la cuarta parte de Morir al día: nos esperan 22 sonetos encabezados por la autocita de un poema fechado en Madrid en marzo de 1928, uno de los Sonetos a Sibila, el XXII, que nunca llegué a publicar en su momento:

Mientras la soledad nos polariza
crüelmente –a la izquierda, a la derecha-,
el desfile en que el tiempo ordena y riza
bajo nuestros suspiros su cosecha,

siempre hay un intervalo favorable
para dar cuerda al aristón celeste
y mover al compás de su bailable
la húmeda voz del viento noroeste

que apoya en tu regazo, en mi entrecejo
su soplo gris de vacilante tacto,
surcando de sollozos el espejo,

de cuyas algas en el centro exacto,
cogidas de las manos como en danza,
bucean tu esperanza y mi esperanza.

Ya en el poema “Propósito” (del capítulo “Refugiado en París”, fechado en París 21 de octubre de 1944, publicado en este blog el 21 de diciembre pasado), como en tantos otros textos de toda mi producción, quise plantar esa semilla de esperanza, ese brote verde entre tanta razones para la desesperanza, verdadera poética vital que me ha llevado siempre a escribir desde el compromiso con el optimismo ontológico.

Entre el esfuerzo confïado
y el amargor del desaliento,
sé como la hierba en el prado:

         el pie la chafa, el sol la tuesta,
y ella, cantando, alza en el viento
su voluntad de ser enhiesta.

Los sonetos que siguen están fechados entre octubre de 1939 y septiembre de 1945: seis años intentado oír crecer la hierba entre tanto estruendo aniquilador y enajenante, lejos de los prados de mi tierra, pero siempre cerca de los prados de la Tierra y de los hombres y las mujeres que la habitan.




ESTAMPA DE ALMANAQUE CON UN SANTO AL FONDO

          A José María Giner Pantoja,
               en nuestra guardilla parisiense
 de la Junta de Cultura Española.

           Temblón, rico de tonos, pobre de hoja,
en el aliento amoratado y frío
que el crepúsculo cuelga sobre el río,
el paisaje de otoño se despoja,

           como una pecadora penitente,
de la postrera pompa de sus galas
con tal ardor, que un remolino de alas
angélicas estalla en el poniente.

           ¡Coros del ocre y sepia y perla y rosa,
centrando cuya voz y movimiento
Martín de Tours a la jineta posa!

           El santo se arrebuja en media capa,
y, por premiar su caridad, el viento
le prende una hoja seca en la solapa.

                                    París, 29 Octubre 1939